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CAPÍTULO 1

INVITACIÓN DE CUMPLEAÑOS

 

Los veranos en la casa de los Dursley siempre habían sido una pesadilla. Tía Petunia seguía, no por propia voluntad, manteniendo al gordo de Dudley a dieta.

Como era de esperar, a Dudley seguía sin agradarle la idea de vivir exclusivamente de pomelo y verduras por lo que Tía Petunia tuvo la grandiosa idea de que todos siguiéramos el régimen puesto para Dudley. Por un lado, esto estaba bien, a Tío Vernon también le vendría bien adelgazar; pero Tía Petunia ya era bastante delgada, ¡y no digamos Harry!.

Este permanecía en la mesa, sentado, mientras examinaba su pedazo de pomelo que Tía Petunia le había dado para desayunar.

Por suerte para este, la familia de Ron y Hermione le volvieron a enviar pasteles, frutas y otras golosinas para no "morir de hambre" en el intento de llevar la dieta.

Harry observó el plato de Dudley y, como era de esperar, su trozo de pomelo no era ni la mitad comparado con el de Dudley.

-Vamos Dudley, cariño...-dijo Tía Petunia acariciando la cabeza del niño con ternura mientras este expresaba una mueca de asco hacia su comida-...cómete el pomelo, ya sabes que no podemos hacer otra cosa.

Harry comió su trozo de pomelo lo más deprisa que pudo y se dispuso a irse cuando un pequeño puñado de cartas cayó al suelo de la entradita.

-Harry, recoge el correo.-gritó Tío Vernon con brusquedad.

-Si, ya voy.-contestó el con su habitual indiferencia. Siempre solía hacerlo, se mostraba completamente indiferente a los gritos e insultos de sus tíos y Dudley.

Se arrodilló en el suelo para agrupar todas las cartas. Antes de incorporarse, echó un vistazo rápido a las cartas y no pudo evitar sonreír, tanto por la alegría como por la gracia, al reconocer un sobre lleno de sellos y la diminuta letra de la señora Weasley.

-¡Vienen esas cartas o qué!.-volvió a gritar Tío Vernon malhumorado.

Harry, con desgana, sujetó el puñado de cartas entre sus manos y se dirigió a la cocina. Pero a tan solo atravesar el umbral, resbaló con un pequeño trozo de pomelo que había en el suelo provocando que este cayera al suelo de bruces y todas las cartas se desperdigaran.

-¡Niño estúpido, ¿qué te crees que estás haciendo?!.-rugió Tío Vernon levantándose bruscamente de su silla.

-Solo he resbalado.-dijo incorporándose y comenzando a recoger las cartas del suelo.

-¡¡¡Solo sabes causar problemas, no eres más...

-¡Vernon!.-chilló Tía Petunia ante la asombrada mirada de Harry, Dudley y Tío Vernon- Recuerda...-susurró ella mirando a los ojos de Tío Vernon con una mirada que Harry no supo lo que quería decir.

-Vete a tu habitación.-gruñó Tío Vernon sin mirar a Harry a la cara.

-Pero las car...

-¡Que te vayas he dicho!.-gritó dando un puñetazo en la mesa.

Para evitar problemas, Harry dejó todas las cartas sobre la mesa y subió a su habitación indiferente ante lo que acababa de ocurrir.

Al entrar, le falto poco para caerse de espaldas a causa del susto que se acababa de llegar, algo pequeño y veloz acababa de rozar su cabeza revolviendo su pelo negro azabache.

Le bastó mirar unos segundos para comprender que era que el se movía por la habitación en todas direcciones: era Pig, la pequeña y nerviosa lechuza de Ron.

-¡Ven, vamos...para ya...Pig, ven aquí!.-la llamaba al tiempo que daba saltos sobre su cama intentando atraparla.

Tras varios intentos fallidos, consiguió atrapar al ave con ambas manos impidiendo que pudiera volver a alzar el vuelo.

Consiguió, dificultosamente, desdoblar la carta de la diminuta pata de Pig sin que esta intentara escaparse.

-Lo siento Hedwing, pero si lo dejo suelto armará mucho jaleo y después nos regañarán a nosotros!.-dijo Harry a su hermosa lechuza blanca quien miraba con desprecio a Pig desde el interior de la jaula al ver que este iba a ser su acompañante.

Haciendo poco caso de los intentos de Pig por volver a volar, Harry desdobló la carta y comenzó a leer:

Harry: ¡Mi madre ha cedido!. Después de insistirle tanto tiempo a

aceptado la idea de que vengas con nosotros para celebrar tu cumpleaños.

Al principio decía que era de poca educación pedir eso a los muggles

pero en cuanto yo, Ginny y mis hermanos le recordamos como son esos

estúpidos aceptó.

Te iremos a recoger el día anterior a tu cumpleaños.

Responde lo más rápido que puedas. ¡Tengo unas ganas de que vengas enormes!.

 

Harry sintió como su corazón daba un vuelco de alegría. ¡Iba a celebrar por primera vez su cumpleaños, jamás lo había echo!. Estaba tan contento con la mera idea de celebrarlo junto a los Weasley y Hermione que tuvo que hacer grandes esfuerzos para no saltar de alegría.

Rápidamente cogió un pergamino y una pluma dispuesto a escribir una respuesta cuando una voz lo distrajo:

-¡Harry, baja ahora mismo!.-gruñó la voz de Tío Vernon.

Harry, de mala gana, escondió el pergamino y la pluma antes de bajar al salón.

Allí Tío Vernon permanecía sentado en el mullido sillón con su cara sonrojada y los ojos furiosos. Tía Petunia permanecía a su lado, de pie, con la cara horrorizada como si le acabaran de poner una película de terror. Y, escondido tras las delgadas piernas de su tía, estaba Dudley, temblando ligeramente y algo pálido.

-Otra vez...esos...esos...Weasley.-dijo estrujando el sobre lleno de sellos en su puño izquierdo.

Harry, por si acaso, no dijo nada: no le apetecía poner de mal humor a su tío.

-Quieren que vayas...a celebrar tu cumpleaños.-dijo observando la carta detenidamente. Aún así, Harry siguió callado- Mmm...y además que te dejemos con ellos el resto del verano hasta que empieces tus...clases.-esta última palabra la dijo con ironía, como si le hiciera gracia- Esa gente tienen mucho descaro de pedir cosa semejante.

-Creerían que era lo correcto.-respondió Harry encogiéndose de hombros.

-¿Van a volver?.-musitó casi en un susurro Dudley con la cara pálida como la pared.

-No, por supuesto que no.-contestó Tía Petunia intentando, casi sin éxito, mantener la calma.

-Entonces, no voy.-declaró Harry temiéndoselo.

-¡Por supuesto que no,¿quiénes se creen esas personas para venir aquí por las buenas y decidir celebrar tu cumpleaños?!.-declaró Tío Vernon con furia.

-Bueno, entonces subiré para decirles que no voy y, de paso, escribirle a Sirius.-declaró Harry con indiferencia pero sin dejar de mirar la cara de sus Tíos para disfrutar su reacción.

Tía Petunia ahogó un grito a la vez que Dudley comenzaba a lloriquear y Tío Vernon palidecía.

-A tu...a...tu...¿padrino?.-tartamudeó su tío con la cara del mismo color que la pared.

-Claro, debo...seguir carteándome con el.-contestó haciendo todo el esfuerzo posible en contener la risa.

-Bueno...pensándolo bien...quizás...no sea tan mala idea.-respondió intentando serenarse- ¿qué os parece?.-preguntó dirigiéndose a Tía Petunia y a Dudley.

-Que vaya, que vaya, que vaya si quiere.-contestó a toda velocidad Tía Petunia.

-Pero con una condición...-dijo de pronto Tío Vernon antes de que Harry subiera las escaleras a toda velocidad-...deben venir a por ti sin que nosotros nos demos cuenta, no queremos tener nada que ver con ellos.

-Esta bien.-respondió Harry segundos antes de subir por las escaleras a toda velocidad y entrar en su cuarto cerrando bruscamente la puerta para poder dar un enorme salto de alegría. ¡Se iba, iba a celebrar su cumpleaños, no se lo podía creer!.

Rápidamente, volvió a sacar su pergamino y su pluma y comenzó a escribir a toda velocidad:

 

Ron: ¡Me han dejado, me han dejado ir con vosotros!.

Antes de nada, muchas gracias por vuestra invitación, el verano

sería eterno si tuviera que estar toda las vacaciones con los Dursley.

Ellos dicen que me dejan con la condición de que vengáis sin que

ellos se den cuenta, todavía os deben de tener miedo.

De nuevo quiero daros las gracias a todos, espero que llegue el día

pronto para salir de aquí. Muchos saludos.

 

Enrolló el pequeño pergamino y de nuevo volver a ponerle el mensaje a Pig en su pequeña pata mientras Hedwing la miraba con recelo. Soltó a Pig y vio como se alejaba poco a poco, atravesando el claro cielo hasta hacerse un diminuto punto que, segundos después, se perdió de vista.

Seguidamente se tumbó en su cama para recapacitar sobre lo que había ocurrido en el desayuno. Tía Petunia lo había, por decirlo de alguna manera, defendido ante Tío Vernon por primera en vez hasta donde llega a recodar.

Repasó todo lo que ocurrió el curso pasado en Howgarts, la aparición de un falso profesor Moody, el torneo de los tres magos, la pelea con su amigo Ron (cosa que ahora le hacía gracia al recordarlo) y, la aparición de su más mortal enemigo: Lord Voldemort.

Como había dormido poco la noche anterior, cosa causada por los enormes ronquidos de Tío Vernon ya que sonaban más fuertes de lo normal porque estaba ligeramente resfriado, poco a poco le fue invadiendo el sueño.

Su cabeza cayó sobre la almohada mientras el joven niño quinceañero soñaba como iba a ser su próximo cumpleaños.

 

 

CAPÍTULO 2

LA VOZ EN LA NOCHE

 

A medida que pasaban los días, Harry se sentía cada vez más excitado ante la llegada de su cumpleaños, tanto que en la última semana antes de este suceso apenas podía conciliar el sueño.

Harry se encontraba sentado en su cama mientras ojeaba uno de los libros del curso pasado en Howgarts, exactamente el "Libro reglamentario de hechizos 4º curso".

-Supongo que un repaso vendrá bien.-pensó Harry para si.

Creía que podría hacer lo mismo que Hermione, repasar los libros del curso anterior para mantener la información fresca pero, al cuarto de hora, ya se estaba empezando a cansarse de estudiar por lo que acabó soltando el libro sobre la mesita exhalando un suspiro.

Poco a poco fue cerrando sus párpados, cada vez se sentía más cansado, cosa claramente normal por lo poco que durmió en la última semana, hasta que, finalmente, quedó profundamente dormido he inducido a un extraño sueño.

 

Harry se encontró sentado en una húmeda y espesa hierba. Se incorporó y observó el lugar con ojos soñolientos. La espesa hierba terminaba en un enorme acantilado que daba directamente al mar. Esta se encontraba en calma mientras el reluciente sol se ocultaba de tal forma que parecía que fuera sumergiéndose poco a poco en el agua.

Harry se frotó los ojos y divisó algo al borde del acantilado: era una chica, podría decirse que de su edad pero no podía llegar a ver más rasgos por estar a tras luz.

-¿Quién...quién eres?.-preguntó Harry intentando sin éxito divisar algún rasgo de la joven.

La muchacha no respondió, se quedó allí de pie, con los ojos clavados en el ya que era lo único que podía divisar. Unos ojos rojos y con la pupila rasgada como los felinos.

Harry, estupefacto, se quedó allí de pie, observando a la chica que seguía mirándole al borde del abismo.

Sin saber exactamente porqué, Harry comenzó a caminar, lentamente, hacia la muchacha que le tendía su mano derecha flotante en el aire, llamándole, invocándole...

Sin saber porqué, sujetó la mano de la chica. Su mano era muy cálida cosa que no se esperaba y Harry no pudo soportar la tentación de dar otro paso más...para caer en el inmenso abismo.

Por suerte para el, la muchacha que le estaba invocando, le tenía firmemente sujeto de la mano. Volvió a mirarla y solo pudo distinguir una cosa que antes no pudo percibir: llevaba una moneda de oro como colgante, muy pegado al cuello.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Harry cuando vio como una serpiente cascabel se enroscaba en el brazo de la joven en el que le mantenía sujeto. Observó al reptil, su piel no era verde si no negra, de un negro comparable al de una noche de tormenta. Y sus ojos...eran unos brillantes ojos rojos que parecían centellear como el fuego.

Harry comenzó a patalear y a gritar para prevenir a la muchacha que, sorprendentemente, parecía no haberse percatado de la presencia del reptil.

-¡Oye, escucha, la serpiente, quítatela del brazo antes de que te muerda, vamos!.-la joven seguía sin inmutarse- ¡Venga, vamos, apártala antes de que te muerda!.

La chica siguió sin inmutarse, continuó mirando a Harry e ignorando la serpiente que se deslizaba por su brazo.

En ese mismo instante la serpiente clavó sus afilados y venenosos colmillos en la unión de ambas manos provocando que se soltasen y Harry cayera al mar.

 

Harry se levantó bruscamente de su cama, respirando agitadamente, con una mano en el pecho para intentar calmarse, y la otra en la cicatriz para intentar que el dolor cesara.

Cuando consiguió calmarse, cogió las gafas las cuales se habían caído al borde de la cama a causa del repentino despertar.

Harry intentó recordar cada detalle del sueño. El húmedo césped, el frondoso acantilado, la extraña muchacha que le tendía la mano, las aguas y, finalmente, la serpiente.

No sabía exactamente porqué pero ese sueño ponía muy nervioso a Harry. Algo le decía que se aproximaba, no sabía exactamente el qué o quién pero se acercaba.

Intentando no darle más vueltas al asunto, se quitó las gafas y volvió a tumbarse intentando volver a conciliar el sueño...pero no podía. Se tumbó de lado, boca abajo, boca arriba...y nada. Entonces comenzó a pensar:

-Quizás debería escribirle a Sirius sobre este sueño...-pensó Harry pero, rápidamente, agitó su cabeza para que la idea desapareciera.

El curso pasado Sirius se arriesgó mucho por el mero echo de que le hubiera dolido la cicatriz y no iba a permitir que volviera a ponerse en peligro. Si se paraba a pensar en eso, la verdad es que echaba mucho de menos a Sirius. Todavía recordaba cuando el le ofreció irse a vivir con el pero no pudo ser por la intervención de los Dementores.

Los Dementores...Harry los detestaba, todavía recordaba cuando esos seres se acercaban a el y en su mente comenzaba a escuchar las voces de su madre suplicándole a Lord Voldemort que no le matara a él, que tomara su vida si quería pero que no tocara a su hijo. A pesar de sus numerosas súplicas, ella murió y justo cuando Voldemort iba a acabar con el, por algún motivo desconocido, se salva dejándole solo una mera cicatriz.

El curso pasado, en Hogwarts, Harry presenció unas escenas que aun le dolía al recordarlas: el retorno de Lord Voldemort. Mató a Cedric en el campeonato de los Tres magos y, frente a sus ojos, vio como Lord Voldemort volvía a la vida en la inmensa nube de vapor verde. Recordaba su oscuro cabello, parecido al suyo; recordaba sus ojos, esos ojos rojos como el fuego y rasgados como las de las serpientes; su cara pálida como una calavera que, cada vez que esbozaba una sonrisa maligna, conseguía arrebatarle un escalofrío.

A Harry comenzaba a dolerle la cabeza de pensar en tantas cosas a la vez así que intentó conciliar el sueño. Aún así no lo conseguía. Pasado mañana iba a ser su cumpleaños y el apenas había descansado. Eso le daba una rabia.

Tenía muchísimas ganas de volver a ver a Ron y Hermione, les echaba bastante en falta, no era lo mismo las vacaciones sin ellos.

Poco a poco fue recordando detalles de todos los líos en los que se habían metido. Recordaba al ogro que intentó atacar a Hermione en el lavabo y el y Ron acudieron en su ayuda. Resultó algo asquerosa la forma en la que distrajo al ser (introduciéndole la varita por la nariz) pero resultó efectiva, ninguno salió herido.

También recordó cuando tuvieron que pasar las pruebas para conseguir la piedra filosofal. Ron cayó en la partida de ajedrez, tuvo que dejar que una pieza le comiera para que el pudiera terminar la partida. Después, Hermione le ayudó a descifrar el enigma de las botellas pero solo había una que dejaría pasar a una persona por lo que ella tuvo que volver atrás.

Seguidamente recordó cuando el se cayó de la escoba en un partido de quidditch y se rompió el brazo. Ellos estuvieron junto a el incluso cuando aquel torpe de Lockhart intentó curarle con la consecuencia de que le había hecho desaparecer todos los huesos del brazo.

No podía seguir recordando más cosas, son tantas las ocasiones en las que han estado juntos que parecía que hubiesen pasado muchos más años de la cuenta desde que se conocieron.

Comenzó a revolverse de nuevo intentando conciliar el sueño. Estaba más calmado pero no conseguía dormirse.

Al final, poco a poco el cansancio le fue venciendo. Sentía como sus párpados le pesaban y se cerraban lentamente mientras esbozaba una sonrisa a la par que pensaba en sus amigos.

Finalmente, con un ligero suspiro, consiguió quedarse dormido. Exhalaba ligeros suspiros por su boca entreabierta la cual esbozaba una ligera sonrisa, señal de que soñaba algo agradable, parecía un niño pequeño durmiendo, cualquiera diría que ya estaba a punto de cumplir los quince años.

No tuvo más sobresaltos en toda la noche, durmió placidamente sin percatarse de que alguien le observaba desde el exterior, a través de la ventana.

Una muchacha de la cual solo podían percibirse dos cosas, unos ojos rojizos que miraban a Harry con frialdad y, por decirlo de alguna manera, con cierta envidia; y además, una pequeña moneda de oro que llevaba como colgante, muy pegada al cuello.