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CAPÍTULO 19

EL FÉNIX DORADO

 

Harry se incorporó forzosamente, mientras se frotaba la cabeza. Sentía como si todo girara alrededor suya en un remolino de colores vivos y resplandecientes. Entonces sintió una mano que le ayudaba a sentarse en el suelo. Abrió los ojos y pudo distinguir, para su horror, donde se encontraba: en una colina, pero no una cualquiera, si no la colina en donde se alzaba la antigua mansión de los Ryddle.

-Harry...-susurró Neville mientras le ayudaba a incorporarse.

-¿Estás bien?.-dijo la voz de Catherine a su derecha.

Volvió la cabeza y la miró; allí estaba, de pie, como si no hubiera pasado nada preocupándose si se encontraba bien. Sintió un desdén de enfado.

-Si...pero me tienes que explicar muchas cosas...

-¿Qué pasa?.-dijo Neville pasando su mirada de Catherine a Harry y de Harry a Catherine-¿De qué habláis?.

-Ne-Neville...yo...-comenzó Catherine antes de que una voz resonara a sus espaldas.

-Ya era hora de que llegarais...-susurró.

Harry se giró y creía que se le iban a salir los ojos de la sorpresa. Ante ellos, estaba Lucius Malfoy junto a la última persona con la que Harry se hubiera querido encontrar: un hombre, mayor, con el cabello negro y unos centelleantes ojos rojos que destacaban por debajo de su capucha perteneciente a la túnica dorada, negra y roja que lucía.

-Volvemos a vernos...Harry Potter...-dijo él con una voz siseante.

Neville contuvo un grito y retrocedió arrastrándose por el suelo hasta dar con la espalda en un árbol observando a Voldemort aterrorizado. Catherine se quedó paralizada, con los ojos y la mandíbula desencajadas, observando, por primera vez en su vida, a su padre.

-Hola a ti también querida...-saludó Lucius suspicaz-...fuiste muy cruel al irte de la casa sin avisar.

-Oye...déja...

-¡Cállate!.-le gritó Lucius Malfoy apuntándole con la varita-Ahora, tu y tus amigos...me vais a dar las varitas, ya.

 

Harry observó a Neville y a Catherine mientras éstos le devolvían la mirada. No tenían otra opción, el no dárselas era arriesgarse demasiado. Los tres, asustados, dejaron las varitas lentamente en el suelo.

-"Expelliarmus".-dijo para a continuación coger las varitas con su mano libre.

-Contigo es con quien quería hablar...-susurró acercándose lentamente a Catherine.

-¡Déjala!.-gritó de pronto Harry ganándose un tirón del pelo por parte de Malfoy.

-No te metas mocoso...-dijo estrellándolo contra el árbol junto a Neville quien contemplaba con horror como Voldemort había cogido a Catherine del suelo para levantarla. Malfoy pronunció unas palabras y unas finas cuerdas ataron a Harry y a Neville quienes forcejearon intentando escapar.

-Estate quieta.-le ordenó Voldemort girando alrededor de Catherine quien, de alguna manera, intentaba permanecer impasible- Cómo has crecido...la última vez que te vi eras un bebé.

-Pues...ya no lo soy.-dijo intentando que no le flaqueara la voz.

-Estas echa una mujer...si señor.-Harry vio como Voldemort la cogía de la barbilla y le observaba el rostro mientras que la otra mano la clavó en sus costillas..

Catherine chilló, apartándose de él. Harry sintió de pronto un punzante dolor en la cicatriz al unísono que sintió la cabeza de Neville oculta tras su hombro. Voldemort había empujado a la chica contra el suelo.

-No cambiarás...has seguido el mismo camino que tu madre.

-Porque ella sabía lo que pretendías.-tras sus palabras nació un inquietante silencio en el que ella y Voldemort no dejaban de lanzarse miradas asesinas.

-Dámelo.-exclamó de pronto, observándola malévolamente.

-¿El qué?.

-El cetro, se que lo tienes...no se donde...pero se que lo tienes.

 

Harry miró fijamente a Catherine quien tenía la vista clavada en el suelo.

-No...ni lo sueñes.-a continuación gritó cuando él la cogió del pelo y la zarandeó.

-¡¿Quién te has creído niña?, dámelo, ahora!.¡Tu no eres digna de mi apellido!.¡Mi propia hija, en Gryffindor, ayudando a mi enemigo: Harry Potter, descendiente de Godric Gryffindor y llevándome la contraria!.

-¡Catherine!.-chillaron Harry y Neville cuando Voldemort la agarró del suelo y la elevó un metro del suelo con una sola mano mientras ella pataleaba e intentaba por todos los medios soltarse para que dejara de clavarle los dedos en la yugular. Voldemort los miró.

-¿Catherine?,¿ese es el estúpido nombre que le puso su madre?...je, que vulgar...-Catherine apenas podía patalear; estaba pálida y con los ojos fuera de sus órbitas-Tu no eres Catherine...no te debes considerar Catherine. Tu auténtico nombre es Sharon...Sharon Ryddle.

-Sa...¿Sharon?.-oyó Harry decir a Neville. Éste observaba a Catherine, con los ojos llenos de lágrimas y el terror dibujado en el rostro.

-L-lo siento...Neville...-susurró ella mientras le sonreía casi sin fuerzas.

De pronto la soltó y cayó de bruces al suelo. Jadeaba, sin moverse del sitio, mientras que Voldemort la observaba con repugnancia.

-¿Te llamas...Neville?.-dijo acercándose a él.

-¡No!.-gritó ella de pronto incorporándose pero Lucius la asió por los brazos.

-Átala junto a Harry.-le ordenó Voldemort sin apartar la vista del asustado Neville.

Harry exclamó un grito de sorpresa. Detrás de Malfoy había un espejo del que no se había percatado...y dentro de este, observándoles, estaba Ginny con las manos y el rostro fuertemente apretado contra el cristal. Junto a ella había otra chica a la que no conocía: tenía unos resplandecientes ojos dorados semiocultos por su flequillo perteneciente a su cabello color canela con unas ligeras mechas rojas en sus dos pequeñas trenzas.

-"Accio".-susurró apuntando a Neville quien fue arrastrado por el suelo por una fuerza invisible para detenerse a los pies de Voldemort- Dime tu nombre...completo.

Harry y Catherine miraron a Neville, tendido en el suelo, asustado, sin que ningún sonido saliera de su garganta.

-Ne-Neville...Lon-Longbo-ttom...-susurró tras unos segundos.

-¿Longbottom?, vaya...esto si que no me lo esperaba...eres un polizón que se ha colado en mi fiesta...-y añadió mirándolos a ellos con soberbia-...y además sois muy buenos amigos.

-¿Qué piensa hacer con él mi señor?.

-Déjalo...él no tiene nada que ver.-dijo ella intentando levantarse...y ganándose un golpe en el pecho por parte de Malfoy.

-¿Tanto te importa?.-susurró Voldemort mirándola con suspicacia, ella no respondió-Dime muchacho...-se dirigió a Neville-...¿te interesa saber que fue lo último que sintieron tus padres antes de perder la cordura?.

-¡NO!.-chilló Harry. Neville no se merecía eso, no tenían derecho.

-"¡Crucio!".

 

Se sentía tan impotente allí, atado, mientras veía a Neville revolcándose en el suelo y llorando a la par que chillaba de dolor. Sus gritos se mezclaban con los de Catherine quien no para de pedir, de suplicar que lo dejasen mientras forcejeaba con Malfoy quien la había sujetado puesto que había logrado ponerse pie. Si pudiera hacer algo, si tuviera la varita entre sus dedos...no soportaba aquella situación.

-¡¡¡BASTAAAAAAA!!!.-gritó con toda la fuerza que le otorgaron sus pulmones.

Voldemort agitó la varita suavemente y Neville dejó de gritar. Se quedó recostado en el suelo, inmóvil, mientras respiraba agitadamente y se encogía como un niño cuando se despierta de una cruel pesadilla.

-¿Me has intentado dar una orden?.¿Has...intentado...darme...una orden?.-Voldemort lo asió por el cuello de la camisa y lo levantó clavando sus penetrantes ojos rojos en los suyos-Vuelve a hacerlo...y te aseguro que te haré revivir todo lo que ocurrió hace un año....con un final diferente, por supuesto.

 

Harry sintió un escalofrío; no le agradaba en absoluto tener que repetir todo por lo que tuvo que pasar el curso anterior...pero no podía permitir que siguieran haciéndole eso a Neville, no podía abandonarle y mucho menos en ese instante.

Voldemort le volvió a soltar y dirigió de nuevo su mirada hacia Neville...entonces oyó un grito. Malfoy estaba tumbado en el suelo, con las manos en el vientre mientras esbozaba una mueca de dolor; y Catherine, que se había desprendido de las cuerdas, se había interpuesto entre ellos.

-"¡Crucio!".

 

Esta vez fue Catherine quien recibió el impacto al interponerse en la trayectoria del hechizo. Gritó con tanta fuerza que Harry sentía como si le perforaran los oídos; tenía que hacer algo, lo que fuese, tenía que impedir que siguiera.

Entonces comenzó a sonar una canción, una dulce y cálida melodía que hizo que Harry sintiera como una llama brotaba de su interior: era el canto de un fénix. Sentía deseos de ver a parecer a Fawkes ante él...pero cuál fue su sorpresa que no apareció Fawkes si no a otro fénix con un plumaje dorado y unos centelleantes ojos azul cielo, quien se lanzó en picado contra Voldemort haciendo que soltara la varita y la maldición cesara.

Lo que ocurrió a continuación no se lo hubiera podido imaginar ni aunque su vida dependiera de ello. El fénix no era un ave...sino un animago; una mujer, rubia, de cabello ondulado y con unos ojos azul cielo con las pupilas de un color azul oscuro en lugar de negros.

La profesora Tarou estaba de rodillas, junto a Catherine y Neville, ayudándoles a reponerse.

 

 

CAPÍTULO 20

EL SECRETO DE TAROU

 

Harry la observó, estupefacto, mientras se interponía entre ellos y miraba a Voldemort con ira y odio.

-Sabía que eras tu...no podía haber sido otro.-dijo ella desafiante.

-Al final...has tenido el valor de venir a verme.

 

Harry los miró sorprendido. ¿De qué se conocían?, ¿qué tenía que ver la profesora en todo este asunto?.

-Mi señor, podría expli...

-Yo no tengo nada que explicarte Lucius.-le dijo Voldemort sin apartar la vista de la profesora-Coge a Harry.

-¡Deja a los niños, este asunto es entre nosotros dos!.-chilló ella mientras Harry era arrastrado por Malfoy a la par que éste le apuntaba con la varita.

-No Naomi...este asunto no nos incumbe solo a nosotros.

-Pro-profesora...-dijo Catherine mientras abrazaba a Neville intentando tranquilizarle.

-¿Profesora?,¿así es cómo te llama?.-dijo siseante-Que patético...¿no se lo has dicho Naomi?.

-¿Decirme qué?-replicó sin entender.

Harry elevó la mirada y los observó mientras Malfoy seguía sin apartar la varita de su yugular. La profesora Tarou miraba a Voldemort con un rencor que rozaba la ira mientras que éste la miraba con ironía.

-Pues...yo considero muy poco oportuno llamar profesora...a tu propia madre.

 

Un inquietante silencio reinó entre ellos mientras Catherine abría la boca asombrada sin que ningún sonido saliera de su garganta.

-¿La señorita Tarou...es la madre de Catherine?.-susurró Harry perplejo.

-Perdóname...-susurró Naomi sin mirarla-...por no decírtelo antes.

 

Catherine se quedó allí, sentada, con el cuerpo y la mente paralizados mientras miraba, por primera vez, a su desaparecida madre, aquella a la que tantas veces había deseado tener cerca.

-Bueno...se acabó la charla.-dijo Voldemort remangándose la túnica-"¡Serpensortia!".

 

Una gran mole de boas se abalanzaron sobre la sorprendida profesora.

-"¡Lacarnum inflamarae!".-una llamara brotó de la punta de su varita convirtiendo en cenizas a todos los reptiles.

-"¡Impedimenta!".

-"¡Crucio!"

 

Harry apenas podía distinguir nada, solo podía ver las siluetas esquivando los ataques de sus contrincantes tras una nube de chispas y polvo. Intentó desatarse pero lo único que logró fue que Lucius le clavara la varita en la garganta.

-Ni un solo movimiento Potter.

 

Pero Harry no iba a doblegarse ante él, ya estaba harto. Consiguió separarse de él propinándole un puntapié en la espinilla librándose al mismo tiempo de las cuerdas que lo aprisionaban...pero no reparó en las consecuencias.

-"¡Crucio!".

 

Volvió a sentirlo, aquel dolor semejante a latigazos, que le hacían sentir como si le ardieran todos los miembros de su cuerpo. Lo elevó del suelo y lo dejó caer como un fardo a varios metros de altura, lo estrelló contra un árbol, lo volvió a elevar...Creía que se moría mientras escuchaba los gritos de Catherine, los golpes en el cristal que propinaba Ginny mientras lloraba, los estallidos de la pelea entre la profesora y Voldemort...deseaba que todo acabase, que cesara de una vez...

-¡Harry resiste!.-gritó una voz a sus espaldas.

Ocurrió en un destello de luces y gritos. Malfoy estaba tendido en el suelo, inconsciente, mientras el profesor Lupin lo miraba con repugnancia y sostenía su varita, la de Neville y la de Catherine.

-¡Profesor!.-gritó Harry esperanzado.

-¡Harry dios mío...¿estás bien?!.-dijo ayudándole a incorporarse y lo sentaba junto a Catherine y Neville.

-Profesor...-susurró Neville temblando mientras observaba a Lupin como si fuera un fantasma.

-Tranquilo...-le dijo acariciando su pálida mejilla-Quedaos aquí, yo debo sacara a Ginny y a la otra chica del espejo.

-Y...¿y Naomi?.-tartamudeó Catherine.

-Confía en ella.-le dijo mientras corría en dirección al espejo.

Voldemort y la señorita seguían en su lucha. Harry hubiera dado lo que fuera en ese momento por ver que ocurría; si la profesora estaba bien, si iban ganando la batalla o...

-Todo esto es por mi culpa...-susurró de pronto Catherine mientras se agarraba con ambas manos la cabeza. Neville y Harry la observaron.

-Ca-Catherine...no es por tu culpa...

-¿Cómo que no Harry?.-replicó con los ojos brillantes-Si no hubiera sido tan... tan...estúpida al ir a por el cetro...no estaría ocurriendo esto.

 

Catherine se levantó y corrió en dirección al árbol hasta colocarse bajo sus ramas.

-Aniston...¿qué vas a hacer?.-la llamó de pronto el profesor Lupin quien ya se había unido a ellos junto a Ginny y la chica del pelo canela.

No respondió, se llevó las manos al pecho mientras susurraba unas palabras para si. Repentinamente, una luz brotó de su collar para dar lugar al resplandeciente cetro que había ocultado en su interior.

-"¡Expelliarmus!".-oyó Harry gritar a Voldemort antes de que la profesora se estrellara contra ellos-¡Dame el cetro Sharon, no hagas idioteces!.

-¡¡¡CALLATE!!!.-chilló histérica-¡Yo no soy Sharon, yo no me llamo Sharon!.-se arrodilló y elevó el cetro por encima de su cabeza-¡Mi nombre es Catherine!.

-"¡Avada Kedavra!".

 

En el mismo momento que rompió el fragmento de la piedra, una columna de humo verde brotó de ésta colisionando con la maldición provocando una gran explosión.

Oyó los gritos de la profesora, el llanto de Ginny, la respiración acelerada de Neville y la exclamación de la chica del pelo canela cuando Catherine apareció tendida en el suelo, inmóvil, con la ropa echa trizas y cortes por todo el cuerpo resaltando una enorme brecha en la cabeza.

-"¡Avada kedavra!".-volvió a gritar Voldemort señalándoles.

-"¡Repelo!".-chilló la profesora con lagrimas de rabia brotando en sus ojos.

Harry no sabía que iba a pasar, el hechizo de la profesora no duraría mucho contra Voldemort. No pudo evitar, quizás por la idea de no poder hacerlo después, abrazar a Ginny que temblaba de pies a cabeza mientras la profesora retrocedía cada vez más. Lupin recogió el cuerpo de Catherine llenando su túnica del rojizo líquido que brotaba de sus heridas.

-¡Naomi!.-le llamó indicándole que se acercara-"¡Transveho!".

 

Sintió como su cuerpo se elevaba del suelo y escuchó el grito de rabia de Voldemort resonando en sus oídos. Se acabó, lo habían logrado, habían conseguido salir al fin de aquel infierno.

No se había percatado de lo agotado y mareado que se encontraba. Empezó a sentir nauseas mientras todo giraba a su alrededor.

Cayó en un profundo sueño mientras sentía como Ginny se abrazaba a él. Por fin, tras el rato que estuvieron luchando con Voldemort, se sintió en paz.

 

No supo donde estaba, le dolía la cabeza y todo le daba vueltas. Sintió que estaba tumbado en una cama y entonces recordó todo lo que había pasado.

Abrió repentinamente los ojos para encontrarse directamente con unos iris dorados y con la pupila rasgada como los felinos. Se incorporó asustado ante la sorpresa de ver allí, observándole, la chica del cabello canela que estaba encerrada junto a Ginny.

-¿Te encuentras bien Harry Potter?.-le dijo ella.

-Er...esto...si, bueno...

-Perdona si te he molestado.-replicó ella-Vine a ver a Catherine Aniston pero no me han dejado pasar así que vine a verte a ti.-dijo ella indiferente.

-Ah, bueno...gracias...¿cómo te llamas?.

-Me llamo Manson, Nicole Manson...¡Oye!.-exclamó de pronto mientras rebuscaba en su chaqueta.

Harry se fijó en la vestimenta que llevaba, iba vestida completamente de negro con algún que otro adorno dorado-Toma, Ginny Weasley me pidió que te lo entregara.

 

Harry lo cogió y sonrió: era una tarjeta deseándole que se recupere. Por fin, en todo aquel curso, consiguió sentir que ya habían acabado los problemas.