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CAPÍTULO 3

UNA INESPERADA VISITA

 

A la mañana siguiente, Harry se despertó completamente despejado a pesar de la pesadilla de la noche anterior. Se desperezó lentamente mientras pensaba en el grandioso día que le espera: los Weasley iban a recogerle esa misma tarde.

Cogió sus gafas y se las puso. Sonreía, no podía dejar de sonreír mientras miraba por la ventana esperando a ver si volvía Hedwing. En el preciso instante en que estaba pensando en ella, entró ululando a toda velocidad.

-¡Hedwing!.-bramó Harry lleno de alegría- Por fin has vuelto.

 

En cuanto desató el pergamino de su pata, le entregó una buena ración de su comida más un par de golosinas. Hedwing le propinó un pellizco cariñoso en la mano antes de comenzar a comer. Harry, nervioso, desenrolló rápidamente la carta.

 

Harry: A mi madre no le pareció muy educada la forma en la

que debemos ir a recogerte pero al final llegamos a un acuerdo.

Te iremos a recoger a las nueve de la noche en punto, mi padre

irá con los polvos flu.

Esperamos tu llegada.

PSD: Mi padre dice que, por favor, no tapéis la chimenea.

 

Si algo hubiera echo saltar y descontrolarse de alegría a Harry era justamente aquello: ¡Se iba, se iba con los Weasley a celebrar su cumpleaños y a pasar el resto del verano!.

-¡Hedwing, nos vamos, nos vamos con Ron y su familia!.-chilló Harry lleno de emoción como si le acabara de tocar el premio gordo de la lotería.

Hedwing le respondió con suave ulular en tono cariñoso. Harry no podía evitar saltar de alegría con la carta apretada en un puño y la cara muy sonrojada. Su alegría fue frenada por el sonoro grito de Tío Vernon.

-¡¡¡Niño imprudente,¿se puede saber que haces pegando gritos y saltos a esta hora de la mañana?!!!.

 

Harry se paró en seco, se le había olvidado por completo que acababa de levantarse temprano y había armado un buen escándalo.

Tras un cuarto de hora aguantando la terrible reprimenda de Tío Vernon, en la que no paraba de decir "Niño desagradecido..." y "Cuantas veces te hemos dicho que no se debe notar que estás aquí...", Harry pudo comenzar a vestirse tranquilamente. Extrañamente, a la vuelta del cuarto curso en Howgarts, los Dursley le dieron ropa nueva (si es que se puede considerar nueva después de que la utilizara Dudley). Una camisa color azul marino en la que se veía dibujado las insignias de un grupo que le gustaba a Dudley, unos pantalones marrones que los arrastraba por los suelos, y unas zapatillas grises y blancas. Como era de esperar, debía remangarse la camiseta y los pantalones ya que le quedaban excesivamente grandes.

Ahora que se detenía al pensarlo, los Dursley se habían comportado de manera "más" amable esas vacaciones. Quizás se enteraran de lo que debía haber pasado el curso anterior pero, ¿aún así iban a tenerle lástima?. A lo mejor alguien les habló y les convencieron de que debían portarse de forma amable con el.

A Harry le empezaban a abordar tantas preguntas que al final decidió dejar de pensar en ello, de todos modos no iba a sacar nada en claro. Observó su baúl con todas sus cosas dentro (más bien su escasa ropa ya que aún no tenía su material). Estuvo tan impaciente que no pudo resistir la tentación de preparar sus cosas días antes de la fecha señalada.

Tras intentar inútilmente alisarse el pelo (era una misión imposible) bajó a la cocina donde Tía Petunia comenzaba a hacer el desayuno, si a eso se le podía llamar desayuno. Le había servido a Dudley un vaso de leche desnatada y una manzana cortada por la mitad. A Tío Vernon le sirvió lo mismo que a Dudley (solo que en lugar de leche era café). Mientras Harry tomaba asiento en la mesa, su tía simplemente le sirvió un buen trozo de pomelo, pero Harry no protestó, ya estaba acostumbrado a que le dieran lo menos de comer en esa casa.

Mientras su Tía le servía el "pobrísimo desayuno" oyó que murmuraba algo como "...mi niño a dieta..." y "...lo matarán de hambre...". Por lo que se veía, todavía no se había echo a la idea de poner a Dudley a dieta.

Harry comenzó a devorar su miserable desayuno cuando Tío Vernon llamó su atención.

-Hoy vienen esos...esos amigos tuyos a recogerte, ¿no?.-dijo fríamente Tío Vernon.

-Si, en eso quedamos.-contestó igual de impasible Harry.

-Vendrán sin que nosotros nos demos cuenta, ¿verdad?.-su tío lo miró con ojos amenazantes.

-Si, así es.-acaba de terminar de desayunar.

-Bueno, que así sea.-Tío Vernon dirigió una mirada a su mujer y a su hijo- Nosotros nos iremos a después de desayunar, no queremos nada que ver con esa...escoria.

 

A Harry le entraron unas tremendas ganas de escupirle en la calva a su tío, ¡mira que llamar escoria a los Weasley cuando son ellos los seres más repugnantes que él a conocido!.

-¿Os parece bien?.-preguntó tío Vernon con una sonrisa a su familia (excepto a Harry).

-¡Genial, así podrás comprarme un nuevo videojuego, ¿verdad papá?!.-dijo Dudley mirando con sus ojos de cerdito.

-Claro hijo, tú te lo mereces.-dijo estas palabras con un tono burlón mirando, por un mísero instante, a Harry.

Podría decirse que pasó una media hora cuando los Dursley salieron sin ni siquiera despedirse de su sobrino (cosa que tampoco le importó demasiado). En cuanto oyó como se alejaba el coche de los Dursley, Harry dio un brinco junto a un grito de alegría.

Corrió nerviosamente por las escaleras hasta llegar a su habitación, donde despertó a Hedwing quien se estaba echando una buena siesta. Esta erizó algunas plumas en señal de desaprobación por el susto que le acababa de dar.

-Vamos Hedwing, no te enfades.-dijo abriendo la jaula- Los Dursley se han ido por lo que podrás ir a dar una vuelta.

 

Ante las últimas palabras de Harry, Hedwing dejó de erizar las plumas y le dio otro pellizco en forma cariñosa. Harry abrió la jaula y Hedwing salió votan sobre la pequeña calle de Privet Drive.

Jamás, en toda su vida, Harry llegó a sentirse tan bien en la casa de los Dursley. ¡Estaba entera, enteramente a su disposición!. Podría ver la televisión y picar a sus anchas todos los trozos de tarta etc. que le habían enviado sus amigos para ayudarle a combatir el régimen.

Harry sujetó su baúl y comenzó a bajarlo por las escaleras (quería estar listo para cuando vinieran a recogerle) despacio, poco a poco para evitar armar un escándalo ya que, aunque estuviera solo, no debía dejar que los vecinos supieran que estaba allí si no quería tener una buena reprimenda cuando volviera de Hogwarts.

Comenzó a imaginarse como sería su próximo curso en Hogwarts, ya se veía si mismo volviendo a montar en la saeta de fuego jugando al quidditch, volviendo a reírse junto a su amigo Ron en la clase de adivinación e imaginándose a todos en la mesa de Gryffindor en la sala común.

Esos pensamientos tan bonitos fueron interrumpido por un fuerte golpe en el pie (el baúl se le había caído encima). Soltó bruscamente el baúl provocando que este cayera formando un gran revuelo.

Aun doliéndole el pie, bajó para recoger el baúl. Este, a causa del golpe, se había abierto rociando todas sus pertenencias por la moqueta. Se arrodilló y comenzó a recoger sus cosas sin parar de repetirse a si mismo lo tonto que había sido esa escena.

Empujando dificultosamente el baúl, lo dejó justo al lado del umbral que daba al salón. Se secó el sudor de la frente con la manga y soltó un suspiro al tiempo que esbozaba una sonrisa pensando en cuanto quedará para que llegaran.

Harry entró en el salón y, de la impresión, cayó el suelo aterrizando sobre sus posaderas. Allí, frente a la chimenea, acomodado en el sofá, se encontraba alguien realmente familiar para el joven.

Un ser de cabeza redonda le observaba con unos normes ojos verdes del tamaño de pelotas de tenis. Resaltaba, además de la estrafalaria ropa que llevaba (una camiseta color mostaza junto a unos pantalones de pijama color azul más un calcetín amarillo y otro rojo) una nariz en forma de lápiz más sus manos y pies largos y delgados.

-¿Pe-pe-pero...?.-tartamudeó sorprendido Harry.

-¡Harry Potter,-gritó el pequeño elfo a la vez que le daba un fuerte abrazo- Dobby está muy contento de volver a ver a Harry Potter, señor!.

 

 

CAPÍTULO 4

FELIZ CUMPLEAÑOS HARRY

 

-¿Do...Dobby?.-consiguió preguntar Harry haciendo esfuerzos por coger aire mientras Dobby le abrazaba.

-Si señor, Dobby, Dobby vino a ver a Harry Potter, señor. Dobby quería felicitar a Harry Potter, señor!.-dijo a la par que soltaba a Harry quien suspiró aliviado.

Harry observó a Dobby, le hizo mucha gracia la forma en la que vestía(aunque estaba bastante mejor que la vestimenta que llevaba la última vez que lo vio).

-Pero Dobby, no hacía falta que vinieras. Además, mi cumpleaños es mañana, no hoy.-le respondió Harry con una sonrisa forzaba (intentaba por todos los medios no reírse de Dobby).

-Dobby lo sabe señor, Dobby lo sabe.-respondió con orgullo- Pero Dobby debe trabajar mucho mañana en Hogwarts por lo que no podrá visitarlo señor.

-Ah, entiendo pe...¡un momento!.-exclamó Harry al caer en la cuenta- ¿Cómo sabías que mañana era mi cumpleaños?.

-Muy fácil, señor, es muy fácil. El gran amigo de Harry Potter invitó a Dobby a la fiesta pero Dobby no podía ir.

 

Harry se quedó pensativo. Ron había invitado a Dobby a la fiesta, se preguntaba a quien más habría invitado.

-Dobby trajo un regalo a Harry Potter señor.-dijo entregándole a Harry un pequeño paquete envuelto en un papel de regalo azul marino tan oscuro que parecía negro sujetado con una cinta color plateado.

Harry, nervioso, le dio las gracias a Dobby y comenzó a abrir el paquete: era una bufanda, una bufanda tejida a mano. Era bastante larga y echa de una lana muy cálida al tacto. Los tonos de la bufanda eran rayas doradas acompañadas por rayas rojas.

-Dobby no sabe tejer lo suficientemente bien señor, Dobby tejió la bufanda en sus ratos libres señor.-comentó Dobby enrojeciendo ligeramente.

-Muchas gracias Dobby, me gusta muchísimo.-la verdad es que le pareció un auténtico detalle que Dobby hubiera usado su tiempo libre en hacerle el regalo.

-Dobby se siente halagado señor.-comentó con lágrimas de felicidad (algo muy común en el)- El señor Harry Potter es muy bueno con Dobby.

 

Harry dobló la bufanda y la guardó dentro de su baúl, después de todo, le estaba empezando a venir muy bien una bufanda ya que la anterior la devoró el gato de la vecina.

-Dobby está feliz de que le guste la bufanda a Harry Potter.-dijo su voz desde el salón.

-Ha sido un bonito detalle.-respondió a la vez que cerraba su baúl.

-Gracias por su hospitalidad señor, pero Dobby debe volver a Hogwarts señor, hay mucho trabajo.

-¡Hey Dobby, espera...!.-le llamó a la par que atravesaba el umbral pero Dobby ya había desaparecido- ¿Cómo hará para aparecer y desaparecer de esa manera?.-suspiró y pensó- Me hubiera gustado volver a darle las gracias.

 

Pero no iba a deprimirse por eso, ¡ni mucho menos!. Tenía toda la casa a su disposición y no iba a desperdiciar su oportunidad.

Estuvo toda la tarde dando vueltas por la casa, jugó a la videoconsola de Dudley, vio la televisión y holgazaneó todo lo que pudo.

Al final, acabó sentado en el sillón del comedor, frente a la chimenea pensando en las musarañas hasta que una voz lo devolvió bruscamente a la realidad.

-¡Buenas tardes Harry!.-saludó repentinamente la voz del señor Weasley. Como estaba en otra parte, el susto que le dio fue tan grande que estuvo a punto de caerse del sillón- Tampoco era para ponerse así, ya se que no soy el tipo más guapo del mundo...-dijo entre risas.

-No, es que estaba pensando en otras cosas y...me ha sorprendido.-comentó esbozando una sonrisa.

-Bueno...-miró por todo el salón- ¿no están tus tíos?.

-No.-dijo secamente Harry, a él le parecía lo mejor que podían haber echo.

-Bueno, ¿dónde está tu baúl?.-preguntó cambiando de tema. Harry notó que lo hacía a propósito.

Entre Harry y el señor Weasley, arrastraron el baúl hasta situarse frente a la chimenea. Allí el señor Weasley arrojó, dificultosamente, un puñado de polvos flu.

-¡A la madriguera!.-gritaron ambos al unísono...y desaparecieron a la par que atravesaron la chimenea.

Harry volvió a sentir ese familiar cosquilleo en el estómago mientras los colores giraban a una velocidad impresionante. Tuvo que cerrar los ojos con todas sus fuerzas para no soltar el baúl. Finalmente, sus pies volvieron a tocar el suelo y se tambaleó haciendo todo lo posible por mantenerse en pie.

-Menudo viajecito ¿eh?.-dijo el señor Weasley, en su cara se notaba que no le gustaba la experiencia.

Antes de que Harry pudiera responder, una voz le llamó:

-¡Harry, me alegro de verte!.-sonó la voz de Ron a sus espaldas.

Reconoció el lugar en donde se encontraba, era la cocina de la familia de Ron. Allí, la señora Weasley estaba de pie, junto a Ron y todos sus hermanos esbozando una sonrisa de bienvenida. Entre ellos pudo distinguir, dificultosamente, a Ginny quien estaba semioculta tras su hermano Ron saludando tímidamente.

-Bienvenido Harry.-saludó la señora Weasley a la par que le daba un abrazo a Harry. Este sintió como se sonrojaba, no estaba acostumbrado a que le abrazaran de esa manera.

-¡Qué Harry,¿cómo te va?.-le pregunto sonriente Fred.

-¿Cómo está la "ballena" de tu primo?.-preguntó George con una sonrisa burlona sin percatarse de la cara de enfado que expresaba su madre, aunque no dijo nada al respecto.

-Pues igual que siempre.-respondió con una sonrisa, realmente se sentía como si fuera su familia.

-Quizás deberíamos regalarle un caramelo "Weasley", ¿no?.-propuso Ron.

-¡Ron, no seas mal educado!.-le riñó su madre, aunque se notó que se esforzaba por no reírse.

-¿Has pasado un buen verano?.-dijo la voz de Hermione quien acababa de aparecer detrás de Fred y George.

-Bueeeenooo...

-¿Por qué no dejáis las charlas para mañana?, supongo que tendrás hambre ¿no?.

 

Harry asintió, realmente, los Weasley le hacían sentir como uno más de la familia, jamás se lo agradecería bastante.

En la cena todo fue risas y gritos. Percy, como de costumbre, comenzó a soltar un discurso sobre como trabaja en el Ministerio de Magia. Como empezaron a aburrirse, a Fred (que estaba sentado al lado de Percy y Ron) no se le ocurrió otra forma de animar la tarde que utilizar unos de sus "Sortilegios Weasley": cambió su tenedor por uno que en cuanto lo sujetabas exclamaba un grito idéntico al de las películas de terror.

La escena fue increíble, cogió el tenedor y este soltó tal grito que Percy se cayó de su silla a la par que este gritaba con un parecido enorme al grito del tenedor. Las risas llenaron la cocina, incluso a la señora Weasley le hizo gracia la forma en la que se cayó Percy.

Tras un par de horas charlando y riendo, la señora Weasley los mandó a todos a la cama. Con la ayuda de Ron, Harry consiguió llevar el baúl hasta la habitación de su amigo. Todo estaba tal y como lo recordaba.

-Harry, mañana celebraremos tu cumpleaños ¿no?.-le preguntó Ron, ya acostado con su pijama puesto.

-Si pero...-Harry no sabía como decirlo- ...creo que tu y tu familia os tomáis demasiadas molestias.

-¡Vamos Harry!.-dijo Ron entre risas- No nos importa.

 

Con aquélla duda aclarada, Harry pudo conciliar el sueño. Fue cerrando los ojos lentamente mientras pensaba en lo divertido que sería el día de mañana.

Aunque Harry lo deseó con todas sus fuerzas, volvió a tener ese extraño sueño. Vio de nuevo a la muchacha, con sus rojizos ojos y su moneda dorada como colgante. Volvió a llamarle, el volvió a coger su mano, otra vez cayó, también volvió a morderle la serpiente...¡el sueño fue exactamente igual!.

Por la mañana, volvió a levantarse sobresaltado. Notó su cara sudorosa y la escasa luz que entraba por la ventana entreabierta iluminando la habitación. Respiraba a toda velocidad, tan deprisa que incluso creía que sus pulmones eran unas maquinas a punto de estallar.

Se secó el sudor con la manga y se colocó las gafas para ver con más nitidez. Contempló la silenciosa habitación de Ron, se desperezó intentando olvidarse de esa "pesadilla" y se levantó.

-Buenos días Ron.-dijo con intención de despertarlo...pero no había nadie en la habitación excepto él.

Harry, extrañado, miró por toda la habitación para divisarle sin ningún resultado. Nervioso, se vistió con la esperanza de que, al bajar, los encontrara a todos.

Pero no fue así, miró en la pequeña cocina, en la sala de estar...pero no estaban por ninguna parte. ¿Habrían sido capaces de dejarle allí solo?, se preguntaba Harry.

Salió, finalmente, para explorar el jardín. Abrió la puerta y...un montón de confeti cayo sobre su cabeza mientras unas voces gritaban:

-¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS HARRY!!!.