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Capitulo 4

Un regalo genial


Se acercó al regalo de Hermione, que estaba dentro de una cja un tanto
grande. La abrió y se quedo con la boca abierta. Dentro, muy cuidadosamente
doblados estaban un pasamontañas, un par de calcetines, y un sueter. Todo de
lana. Mas abajo estaba una chaqueta con los colores de la bandera de
Bulgaria, tambien de lana.
De inmediato se probó la chaqueta, el sueter y el pasamontañas y se miro en
el espejo de su ropero. Se vio reflejado con las primeras ropas a su medida
de su vida. No podia creerlo. Que diferecia con las viejas y desteñidas
ropas que antes habian pertenecido a su primo Dudley.
Los calcetines... los tomo y los observó como si fueran una joya
valiosisima. Todos los que poseía habian pertenecido a tio Vernon, y eran
feos, amorfos y dispares. Pero aquellos de un blanco imaculado eran,
simplemente... lindos.
Hermione, eres genial”
De repente empezo a surgir en el un sentimiento nuevo que nunca antes había
experimentado. Como un deseo de verse bien, de verse vestido y calzado con
ropa decente.
No podia explicarlo, pero era como una fiebre. Una fiebre de querer seguir
viendose bien vestido antes de regresar al colegio.
Por qu
no comprar algo de ropa muggle? El problema residia en que no podia salir de
Privet Drive y alli la ropa era francamente horrible.
Entonces acudió una idea a su mente: “¿Por qué no visitar a Hermione? Nunca
la he visitado a su casa y como vive en Londres conoce donde puedo vestirme
bien. Pero Dumbledore... ah, no objetará, porque es plena ciudad. En cuanto
a Hermione... tal vez se oponga a que salga de Surrey, pero, ¡que demonios!
La convencere. Tambien le dire que invite a Ron. La llamare”
Capitulo 5
La llamada
| Harry tardo mas de una semana en convencer a tío Vernon de que lo dejara
utilizar el telefono, y de asegurarle por enécima vez que no estallaria si
lo tomaba.
-Sólo cinco minutos, muchacho. Solo cinco minutos - le dijo entornando sus
ojos amenazadores
Harry tomo el telefono de la cocina, marco el 555-0935 y al tercer repique
la suave voz de un joven le respondio.
- ¿Hola? - era, por supuesto, la voz de Hermione.
- ¿Cómo estas, Hermione? ¿Es Harry!
- ¡Harry! Dime que esta todo bien - su voz tenia una evidente nota de
panico.
- Pos supuesto que esta bien - dijo Harry sonriendo ante el tono de voz de
su amiga -. Recibí tu regalo, gracias
- ¿Te gustó?
- ¡Qué pregunta! Me encantó - habia llegado el momento -. Mira, aparte para
saludarte, te llamo para preguntarte sí... podria pasar unos dias en tu
casa.
- ¿Mi casa? ¿Y para que?
- Bueno, es que me gustaria visitarte, ver donde vives. Y ademas - tenia que
sonar convincente -, ya estoy harto de los Dursley. Y en tu casa podemos
conversar tranquilamente y me ayudarias a hacer los deberes. Tambien puedes
invitar a Ron
- Harry, ¿acaso ya se te olvido que Quien Tu Sabes regresó?
- Claro que no se me olvidó, pero... Vamos, Hermione, serán solo unos dias -
su tono se volvio suplicante -. ¿Acaso no quieres que vallamos Ron y yo?
- Nada me gustaria mas que me visiten, pero
Harry la interrumpió
- Entonces, ¿cuándo vienen por mi? - era su ultima carta.
Hubo una gran pausa al otro lado de la linea.
- De acuerdo, Harry, ¿que te parece mañana a las cuatro? Ire con mi padre,
prepara todo para entonces - su tono era de recignacion.
- No puedo creerlo. Gracias, Hermione. A las cuatro me parece bien.
Encargate tu de enviarle un alechuza a Ron. Entonces, hasta mañana - dijo al
ver a su tio en la puerta de la cocina con expresion amenazadora
- Bien, hasta mañana
Harry, contentísimo subio a su cuarto. Decidio no decirle nada a sus tios
hasta el momento de su partida

Capitulo 5


Visita a casa de Hermione


A las cuatro en punto del dia siguiente, sono el timbre. Harry abrio antes
de que tia Petunia pudiera alcanzar la puerta.
Sobre el umbral aparecio un hombre de mediana edad, de cabello castaño
veteado de gris, alto, de ojos claros. Vestia pantalon claro y camisa
blanca.
Harry lo reconocio como el papa de Hermione, pues lo habia visto antas en la
librería del Callejon Diagon.
- Hola, ¿eres Harry o mi memoria me faya? - su sonrisa era muy calida y su
voz era un poco ronca.
- Si soy, sr Granger. Tome asiento que ire por mis cosas
- ¿Quién es “este”, Harry? - dijo la voz de tia Petunia
Harry la miro desafiante. Podia darse el lujo de hacerlo, ya que tio Vernon
y Dudley habian salido.
- Es el padre de una amiga bruja
Tia Petunia dio un agudo grito y corrió hasta la cocina cerrando la puerta
con llaves, aterrorizada por las palabras de Harry
- Vuelvo en un momento - le dijo Harry al sr Granger que habia fruncido el
ceño
A eso de las cinco y media llegaban a Londres. En el auto, una bronco del
año, hablaron muchisimo. A Harry le cayó muy bien el papa de Hermione.
Hablaron del mundo magico, de Hogwarts, de Dumbledore, del mundo muggle, de
la Reina, de Hermione. Harry le explico las reglas del quiddich.
- Crei que Hermione le habia explicado
- Me habló de un deporte con tres pelotas, pero no que le decían Kidicht o
como se llame (uneralmente, hablamos de muchas otras cosas; mi esposa y yo
sólo la vemos unas semanas al año- dijo con melancolía en los ojos- Yo
easperaba que pasara con nosotros todo este verano, pero, como seguramente
te habrá contado, pasó casi tres semanas en Bulgaria con un tal Krum. No le
iba a dar permiso, pero la madre del joven se comunicó conmigo a través de
la chimenea -Harry ya sabía de quién había heredado Hermione el tono de
voz-. Hemos llegado… Tú entra que yo llevará tu baúl y la jaula de tu
pájaro.
Harry se dio cuenta que habían llegado a una casa muy bella estilo
victoriano; era toda blanca, con estrechos y altos ventanales de vidrio,
techo color rojo. A Harry le pareció muy hermosa.
Con timidez atravesó la verja de un jardín muy hermoso, lleno de distintas
flores y tocó el timbre; casi de inmediato le abrió la puerta una mujer
relativamente joven, de cabello castaño, el cual estaba recogido en un
sencillo moño.
Harry la reconoció como la mamá de Hermione y se sorprendió porque, de
cerca, tenía un extraordinario parecido con su amiga.
- Hola, Harry -se dijo amablemente con una sonrisa sincera- Pasa y siéntate.
Hermione no tarda en llegar.
- Gracias -la estancia era sumamente cálida y reconfortante y Harry pudo ver
adornos que parecían provenir de varias partes del mundo.
Mientras se sentaba, el Sr. Granger abrió la puerta arrastrando el baúl y
debajo de un brazo tenía la jaula de Hewing.
- Hola cielo -saludó a su esposa- Acabas de llegar?
- Sí, tomé un taxi.
- Subiré esto y le diré a mi hija que baje. Ponte cómoda- subió.
Harry se sentó en uno de los sillones de la sala.
-Hermione ha hablado mucho de ti- comentó la Sra. Granger que se había
sentado frente a él.
- Ehh…sí, me imagino -le contestó Harry- pero no nos dijo que fueras tan
guapo.
Harry enrojeció violentamente; en ese momento se oyeron pasos que bajaban
las escaleras rápidamente y acto seguido Hermione apareció en la sala.
- Hola Harry, cómo estás? -lo saludó con un beso en la mejilla como lo había
hecho en el andén 9 ¾ .
- Bien y… -Harry se cortó en ese punto completamente alelado por la visión
que tenía en frente.
Hermione estaba cambiadísima y en lo primero que se fija Harry es en el
cabello. No estaba enmarañado, pero tampoco liso como en el baile de
Navidad; lo tenía encrespado como resortes y muy lustrosos, más corto de lo
que solía llevarlo y se había dejado crecer el flequillo.
Su piel no estaba tan bronceada como siempre, pero conservaba su color
dorado.
No hab
a crecido mucho, pero su cuerpo estaba redondeado, y con los jeans que tenía
puestos se veía realmente…
- Muy bien, gracias -dijo Hermione rápidamente disimulando y sonrojándose un
poco ante la mirada de asombro de Harry- ¡Qué te parece si te muestro tu
cuarto?
- Buena idea -respondió Harry incorporándose.
- ¡No te importa, madre?- le preguntó Hermione cortesmente
- En absoluto, querida Suban.
En eso bajó el Sr. Granger.
-Ya subí tu baúl, Harry. Espero que te sea agradable estar aquí.
- Sí, me gusta mucho esta casa -dijo Harry sonriendo empezando a subir las
escaleras.
Llegaron a la habitación de Hermione y Harry se sorprendió por el impecable
orden que tenía. Las paredes eran de color rosa, igual que las largas
cortinas de satén y las sábanas de la cama, en la que se encontraba un
enorme delfín de peluche. A la derecha estaba una enorme biblioteca
completamente llena de libros de magia y algunos libros muggles. A la
izquierda estaba un escritorio lleno de pergaminos y libros; encima de él
estaba colgando la jaula vacía de la lechuga, y frente a la cama estaba un
multimueble que albergaba un gran televisor, un radio y un VHS.
Al pie de la cama estaba un diván y encima de él, Crookshanks, que ronronea
al ver a Harry.
- Me lo imaginé -dijo Harry sentándose al lado del gato- todo
escrupulosamente ordenado.
- Por supuesto -contestó ella sentándose al borde del escritorio.
- ¡Por qué no fuiste con tu padre a Surich.
- Estaba esperando la respuesta de Ron -le pasó un trozo de pergamino que
decía: “Lo siento, pero no podré ir. Estoy muy ocupado. Nos podemos ver el
28 de agosto en el Callejón Dragón, ya mi padre me confirmó que ese día
iremos él, mis hermanos y yo. Tengo muchas cosas que contarles. Que la pasen
bien. Gracias por las pijamas”
Harry le devolvió la nota.
- ¿Con que a él le trajiste pijamas, eh?
- Sí, no se qué talla es Ron, así que se las traje bien grandes. Y hablando
de grandes, estás muy cambiado -añadía mirándolo.
- Tú también ¡Usaste de nuevo la poción alisadora?
- No, sabes que no se puede hacer ningún tipo de magia fuera del colegio. La
mamá de Vihtor le hechó a mi cabello un encantamiento ensortijador.
- ¿Te gusta mucho, verdad? -preguntó Harry con una sonrisa pícara. Hermione
se hizo la que no entendía- No te hagas tonta. ¿Te hiciste novia de Krum?
- NO -Hermione se ruborizó, pero su voz era firme- Aunque no, porque no me
lo pidiera.
- Así que lo rechazaste… ¿Y por qué?
- Bueno, yo…lo quiero solo como un amigo. Debo admitir que me gustó un poco,
pero no me gustaría ser su novia. Yo intenté hacer vérselo así, pero parece
que no entendió.
- ¿Qué pas
? -preguntó Harry intrigado.
Hermione se puso tan roja como la grana.
-El… me besó.
-Y te gustó? -preguntó Harry con los ojos muy abiertos.
- No…bueno, la verdad es que fue muy breve y no lo pude asimilar, pero… me
sentí incomodísima
Harry no supo qué decir. Pero le encontró razón a Krum por querer besar a
Hermione. ¿A quién no le gustaría besar aquellos labios rojos y carnosos?
Harry se sorprendió de su propio pensamiento y enrojeció.
- Y la verdad es que no me gustarìa hablar de eso -. Hermione parecia algo
tensa
- Entonces cuaetame que te dijeron tus padres cuando vieron tus dientes
reducidos
Pasaron el resto de la tarde hablando de muchas cosas y fueron a la
habitación de Harry, que era un poco mas pequeña y toda blanca, luego
bajaron a cenar; Harry se maravillò por la clase del comedor, que estaba
iluminado por una enorme lampara de cristal tipo araña.
Poco antes de dormir, cuando Hermione ayudaba a Harry a desempacar,
charlaron un poco sobre el desagradable tema de Voldemort. Harry tuvo la
intención de contarle sus pesadillas, pero Harmione se preocuparia y no
querìa arruinar lo que quedaba de vacaciones.
- Hermione - la interrumpiò bruscamente -, quiero que me lleves mañana a
algunas tiendas. Me gustarìa comprar algo de ropa
- ¿Ropa? - Hermione pareciò incrédula -. No creo que sea buena idea, Harry.
Creo que ni siquiera debiste haber salido de Privet Drive
- ¡Vamos, Hermione! ¿No pretenderas que nos quedemos solos todo el dia con
la muchacha de servicio, o si? - se referia a una mujer con cara de buey que
habia servido la cena
- ¡Entiende que es una imprudencia!
- ¡Por favor! Quiero quemar toda esa ropa vieja de Dudley y vestirme
decentemente antes de ir al colegio. ¡que pensaran tu padres de estas
fachas!
- Es que... - Hermione no encontraba que excusa decir - esque no tienes
dinero muggle y...
- Ese no es problema y lo sabes. Podemos ir a Gringotts y cambiar un poco de
oro por libras. ¿Entonces, aceptas?
Hermione paso al menos un minuto meditando. Al final su lado practico la
venció
- De acuerdo, Harry - suspirò-. Pero te digo que si algo nos pasa... Bien
Florence no es lo que se dice buena compañía y te hace falta distraerte un
poco después de lo que paso con Quien Tu Sabes.
- Genial - podemos ir tambien a visitar a Sirius. Dumbledore me enviò la
dirección.
A la mañana siguiente, luego que Hermione recibiera una generosa cantidad de
parte de sus padres y que estos le hubieran dado un aventon hasta el Caldero
Chorreante, que quedaba de paso al consultorio donde ambos trabajaban,
salian de Gringotts con los bolsillos llenos de dindero muggle.
- Bien Harry. Vamos al centro de Londres. Conozco algunos centros
comerciales que...
Parecìa que conocia todos los centros comerciales de la ciudad y no solo
Harry compraba ropa, Hermione compraba mucha mas que el.
Harry nunca habia ido de compras y hacerlo con Hermione era instucctivo,
interesante y muy divertido. No conocia esa cara de Hermione tan encantadora
y distinguida.
- Esto sera solo por hoy - le dijo ella cundo psaban por la calle Bond.
Repitieron esa rutina por mas de dos semanas
Hermione lo llevaba a todas partes, sobretodo a sus sitios favoritos: El
Museo de Londres y al parque St James. Comian en cualquier parte cualquier
cosa, desde McDonnals, hasta sushi, lenguandos a la parrilla, oeusf cocotte
y roast beef frio con ensalada de papa.
Con Hermione aprendiò montones de cosas. A desenvolverse a reir mas
abiertamente y a no ruborizarse tanto cunado lo miraba con insistecia alguna
chica bonita. Era en pocas palabras: un encanto con èl y a veces el la
llamaba asi
El segundo dia que salieron ella le pregunto <<¿qué tal estoy?>> cargaba una
blusa delicada, unos jeans que acentuaban las curvitas de su cuerpo y unos
zapatos negros de vestir. Harry se puso como colorado como una remolacha se
limito a decir un << Ehhh... Bien>>
Dos semanas después el le guiñaba un ojo y le decia << estas preciosa,
encanto>>
Los padres de Hermione tenian un gran sentido del humor y Harry les tomò
verdadero cariño y ellos a el tambien.
En una ocacion la señora Granger le dijo.
- me encanta tenerte en casa, querido. Espero que regreses algun dia, eres
mas encantador que el búlgaro amigo de mi hija
A Harry se le ruborizaron hasta las uñas